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El Rincón

Brett Easton Ellis, una pluma afilada


 

En el último siglo, el mundo de la literatura ha estado tan plagado de escritores que han hablado de sexo, drogas y violencia, que apenas encuentran reacción en el lector moderno. Sin embargo, la prosa de Brett Easton Ellis, cuajada de estos ingredientes y demás extravagancias, si que agita las conciencias los lectores actuales, y de qué manera; obra tras obra, Ellis se sigue erigiendo como el rey de la controversia y la transgresión.

 

Nacido en Los Angeles (1964) en el seno de una familia norteamericana de clase alta. Aunque acostumbrado al lujo desde los pañales, su infancia no fue en absoluto un lecho de rosas. Sufrió las desavenencias de un padre alcohólico y castrante, con el que nunca tuvo una buena relación. Los menosprecios fueron mutuos a lo largo de toda su vida. A pesar de ello, recibió una educación elitista que marcó de por vida la temática de sus novelas.

 

Su primera obra, Menos que cero,  la escribió a principios de los ochenta -eran sus primeros años de carrera de Filosofía y Letras- en la prestigiosa Bennington College de Vermont.  La novela, un cuento de jóvenes ricos que no demuestran afecto por nada y se destrozan unos a otros en una sociedad sin valores, impactó a los críticos sobremanera; muchos le bautizaron como el nuevo Hemingway, aupándole al estrellato, y proclamándole padrino de una nueva generación de escritores jóvenes nihilistas, entre ellos Jay McInerney y Tama Janowitz. Había nacido la Generación X literaria.

 

 

Encumbrado por un éxito tan temprano, Ellis se pierde entre noches de cocaína y juerga sin fin, en las altas esferas de la sociedad yuppie ochentera.  Es entonces cuando escribe las obras menores de su carrera. Una de ellas, Las reglas del juego,  sería llevada de manera magistral al cine por Roger Avery una década más tarde; la otra, serían unos relatos cortos,  Los confidentes, sobre jóvenes desorientados con mucho dinero, completamente amorales y superficiales. En varias de estas historias cortas aparecía la figura de un padre con la que los jóvenes no lograban comunicarse.

 

Sin embargo, la novela que le llevó al éxito, al mismo tiempo que a ser odiado hasta el punto de recibir amenazas de muerte, fue American Psycho (1991). En ella describe las vivencias de un ejecutivo de éxito; el Sueño Americano hecho carne, que, de la noche, a la mañana se convierte en asesino en serie. La novela narra con un grafismo explícito todo tipo de torturas y violaciones que realiza su protagonista, Patrick Bateman. Las críticas por parte de colectivos feministas y homosexuales, y no la que cabría esperar desde el sector considerado convencionalmente como puritano, fue lo que le dio gran fama de transgresor. Grupos feministas radicales la definieron "como una guía para descuartizar mujeres".

 

En su defensa, Ellis alegó que él, en el fondo, es un satirista con fines morales, y que su obra le sirvió para salir de una gran depresión motivada por los excesos que le había ocasionado la fama. La creación de esta novela, maldita para muchos, le ayudó a luchar contra los fantasmas de su agitado mundo interno.

 

La crítica literaria también le repartió lo suyo, y todos esos ataques sirvieron para que el autor se refugiara en sí mismo, huyera de la notoriedad y se negara a conceder entrevistas.

 

Parece ser que esta ira furibunda le afectó, pues los intervalos en la publicación de sus obras se fueron haciendo cada vez más largos. Siete años tardaría en sacar al mercado Glamourama, obra en la que  mezcló el mundo de la fama, las pasarelas y el terrorismo; más violencia, más drogas y más sexo. Los mismos ingredientes que en todas sus obras, sólo que esta vez ambientados en la haute couture. La crítica volvió a relegarle a un segundo plano; una prosa fría y escabrosa serían sus principales acusaciones.

 

 En 2005, Ellis sorprendió  a críticos y lectores con Lunar Park, publicada en España en 2006 por la editorial Mondadori. Su última obra es una falsa autobiografía en la que se describe como un personaje odioso lleno de excesos. Toma la imagen que de él tienen sus detractores y la introduce en el libro; vive en un barrio residencial con su familia; se le aparece Patrick Bateman, el psicópata de su creación, y todo comienza a tornarse pesadillesco. La obra va aderezada con todos los ingredientes ya mencionados, pero esta vez, se desprende un cierto sentimentalismo hacia la figura de su padre, como si quisiera reconciliarse  con él aunque haya muerto. Una novela exitosa en toda regla que ha demostrado que Ellis, pese a todo, sigue con la pluma bien afilada.

 

 

El boicot contra su obra surtió efecto, a medias

 

En 1991, la editorial Simon & Schuster no soportó las protestas contra American Psycho y rompió su contrato con él justo antes de su publicación. 

El rechazo de la obra no se produjo por los acostumbrados grupos moralistas religiosos siempre al acecho e ignorados por su previsible repetición. Fueron los grupos feministas norteamericanos los que tomaron el relevo por considerarla un manual para asesinar y mutilar mujeres. La novela levantó una polvareda parecida a los Versos Satánicos de Salman Rushdie, aunque ambas siguieran una temática diametralmente opuesta.

 

Ellis tuvo que buscarse una nueva editorial, Random House, aunque los sabotajes continuaron manchando de sangre los ejemplares en las librerías y dejando mensajes amenazantes en los contestadores del escritor y de sus allegados. Para agravar las cosas alguien sugirió que el detallismo de los asesinatos narrados solamente podía acceder de un diario real, algo con lo que Ellis jugó declarando que era la más autobiográfica de sus novelas.  No hay que decir que la promoción del libro le salió gratuita.

 

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